La enfermedad del síndrome postaborto

Nuestros actos son a menudo irreversibles y sus consecuencias están con frecuencia fuera de nuestro alcance. El aborto suele destrozar literalmente las vidas de quienes lo llevan a cabo, porque matar a un hijo o a un ser humano inocente conlleva un sentimiento de culpa, por lo que muchas necesitan tratamiento psiquiátrico posterior

En la prensa digital y de papel ha salido esta noticia: “Un juez rechaza que un médico pueda negarse a informar del aborto. La resolución estima que el interés público que supone la atención sanitaria prevalece sobre la conciencia del facultativo”. Es cierto que todavía cabe recurso, pero desde el punto de vista humano y cristiano es una resolución totalmente aberrante y empleo uno de los términos más suaves que se me ocurren.

Este intento de violación de la conciencia del médico por parte del juez va contra el juramento hipocrático, realizado por los médicos desde el siglo Vº a. de C.: “tampoco daré ningún abortivo a ninguna mujer”, contradice los artículos 18 y 19 de la Declaración de Derechos Humanos de la ONU, que dicen: “toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión” (art. 18) y “todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones” (art. 19) y nuestra Constitución “la ley regulará el derecho a la cláusula de conciencia” (art. 20, 1 d), lo que significa proteger este derecho y no terminar con él. Cualquier persona, que no sea analfabeto profundo o sectario de la misma categoría sabe que la profesión médica está para sanar y no para asesinar a sus pacientes y desde luego quien ordena hacer un crimen es él mismo criminal.

La doctrina de la Iglesia condena categóricamente el aborto, al que el Concilio Vaticano II llama “crimen abominable” (Gaudium et Spes nº 51) y sobre la conciencia nos dice ese mismo documento: “En lo más profundo de su conciencia descubre el hombre la existencia de una ley que él no se dicta a sí mismo, pero a la cual debe obedecer, y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón, advirtiéndole que debe amar y practicar el bien y que debe evitar el mal: haz esto, evita aquello. Porque el hombre tiene una ley escrita en su corazón, en cuya obediencia consiste la dignidad humana y por la cual será juzgado personalmente” (nº 16). Como dijo el propio Zapatero el día que se aprobó la Ley del Aborto: “el derecho a la vida, el valor de la vida es el principio fundamental de la concepción y del despliegue de los derechos humanos”. Antes que matar, sobre todo a un inocente, cualquier cosa, incluso el martirio.

Pero es que el médico no sólo no debe matar al feto, sino que también tiene que cuidar de la salud de la mujer.  El aborto por supuesto no cura ninguna enfermedad, sino que con bastante frecuencia, ocasiona una patología llamada síndrome postaborto, que se presenta antes o después a lo largo de la vida, independientemente de ideologías o creencias, y se expresa con problemas graves de personalidad, inestabilidad emocional, agresividad contra el médico que les ha inducido y a quien no quieren volver a ver, o contra el marido o compañero con un número muy elevado de conflictos conyugales,  violencia doméstica,  consumo de drogas,  separaciones y divorcios en el primer año tras el aborto, pues se quejan, en la inmensa mayoría de los casos con razón, de no haber recibido información veraz y completa acerca de las consecuencias físicas, y sobre todo psicológicas, que ese aborto tendría para ellas, como depresiones, autorreproches, remordimientos, insomnio, pesadillas,  trastornos de conducta como la promiscuidad o el alcoholismo, así como una fuerte propensión al suicidio, y es que es más fácil sacar al niño del seno de su madre que de su pensamiento. Es obvio que toda mujer que aborta queda profundamente afectada por ello, y que el sentido de culpabilidad deja muy malas consecuencias en todos aquéllos que intervienen en un aborto, ya que este sentimiento, al revés de lo que sucede en muchísimos otros pecados, que con el paso del tiempo se difuminan, aquí por el contrario su recuerdo se hace cada vez más vivo, lo que no es extraño porque el aborto es una de las grandes tragedias de la humanidad. Ninguna enfermedad y menos una enfermedad psíquica puede curarse mediante un aborto, que, por el contrario, ocasiona graves daños, al ser un acto contra el instinto natural de ser madre.

Nuestros actos son a menudo irreversibles y sus consecuencias están con frecuencia fuera de nuestro alcance. El aborto suele destrozar literalmente las vidas de quienes lo llevan a cabo, porque matar a un hijo o a un ser humano inocente conlleva un sentimiento de culpa, por lo que muchas necesitan tratamiento psiquiátrico posterior. Desde el punto de vista de la mujer, el aborto es un acto que va totalmente en contra de sus sentimientos e instintos más profundos. Y es que el problema no es ser madre o no serlo, sino ser madre de un hijo vivo o de un hijo muerto. El  tiempo no cura el problema, sino que por el contrario,  lo agrava, pues a medida que pasan los años, el aborto se hace cada vez más presente. Por todo ello, hay que insistir en que el aborto no supone el final del problema, sino, por el contrario, el inicio de un nuevo, duradero y gravísimo problema.

Y es que la naturaleza no perdona. Si el simple aborto natural suele ocasionar una depresión, un acto como el aborto provocado lleva consigo un muy serio problema emocional que hace necesario con frecuencia el correspondiente tratamiento médico psiquiátrico de quien lo realiza, a fin de poder asumir, también humanamente, las consecuencias de su acto, sacando a la luz sus sentimientos de culpa y hablando de este tema a fondo con alguien que sepa escucharles, experimentando muchas la necesidad de que alguien superior les perdone. Pero incluso con el perdón de Dios, muchas veces ellas son incapaces de perdonarse, por lo que es muy de recomendar su activa colaboración en Asociaciones Pro-Vida.

 

P. Pedro Trevijano, sacerdote

 

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8 comentarios

Jota ele
Quizá el único libro publicaado en España y en español que trata en profundidad es el de MUJERES SILENCIADAS, de la editorial Sekotia: http://sekotia.com/libros/libro-mujeres-silenciadas.htm
15/04/11 9:24 PM
No Más Silencio
¡Enhorabuena por su acertado artículo! Aprovechamos para informarles de que, desde hace unos años, existe en España la terapia más eficaz del Síndrome post-aborto conocida como La Viña de Raquel, presente ya en muchos países. Más información en www.nomasilencio.com y en www.elvinedoderaquel.org.
16/04/11 2:04 AM
ISALA
Tengo un amigo no creyente que era defensor de aborto, después de un tiempo en el teléfono de la esperanza viendo los graves problemas que produce el aborto en la mujer, pasó a ser defensor de la vida.
17/04/11 11:03 PM
Juan José Nevot
Nunca puede el interés público estar por encima de la conciencia de cada quien. Solo libremente una persona puede sacrificarse por el bien público. ¿Cómo se quiere obligar a un profesional médico a que actúe contra su conciencia? Su vida es suya y es él quien tiene que habérselas con ella, no el juez ni la abortera.
17/04/11 11:31 PM
Anawin
El Spa mas q una enfermedad es la consecuencia natural de una madre q pierde un hijo de forma traumática y en la q sabe q ha tomado parte. Es una herida interior q solo la misericordia de Dios puede sanar. La respuesta de la iglesia católica al Spa es el Proyecto Raquel. [email protected]
18/04/11 8:40 AM
sicne
Uno de los asesinos de Marta Sánchez intentó suicidarse.

Entonces también existe el "síndrome postfeminicidio".

Y apurando un poco, existen el "síndrome postrobo", "síndrome postviolación", etc.

Esperen: ¿que no ello se llama "arrepentimiento", y debe servir para reducir la condena carcelaria, pero NO PARA SUSTITUIRLA, y menos si se trata de reincidentes?
18/04/11 6:16 PM
Jorge
Una vez más un estupendo artículo de Don Pedro Trevijano. Lástima que la "cultura" social oficial trate de acallar esta realidad, y es que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Creo que esta información es de las que habría que empezar a poner, como lámpara en lo alto, para que pudiese iluminar a todo el mundo. Que se enseñase en los colegios, etc. Para que algún día y de una vez por todas quedasen desenmascarados y confundidos los verdaderos cómplices del holocausto abortista y por fin nos librásemos de esta lacra.
18/04/11 9:13 PM
María Inés
El derecho a la objeción de conciencia no tiene separación posible del acto médico. Es así, no hay vuelta que darle ni artificio que coaccione a un médico con algo de respeto por sí mismo y su profesión. Si llegado el momento me tiene que costar responsabilidad penal, vayan haciendo sitio en la celda porque no tengo la menor duda de cómo prefiero terminar, si tengo que elegir entre pasar un tiempo encerrada o pasarme toda la vida cargando a un muerto.

La medicina cura enfermedades o palia sus manifestaciones cuando no puede curar; el embarazo no es una enfermedad. Acá lo que tenemos son dos pacientes: una mujer y un bebé; y los tenemos que resolver a los dos. No sólo al bebé, no sólo a la mujer; a los dos. Un niño asesinado y una mujer destrozada no tiene nada de terapéutico. Los hay quienes prefieren quemarse los ojos y perforarse los tímpanos con tal de no ver ni oír, pero el SPA está más que reconocido como una variante del síndrome de estrés post-traumático: es una patología psiquiátrica, es una enfermedad consecuencia del aborto inducido (entre otras que este puede acarrear).

Por si alguien no lo conoce, aprovecho a recomendarles la película/documental "Blood Money", que en su país ya se estrenó hace un tiempo pero que vale toda la pena mirar. Entre otros aspectos del aborto, aborda también el SPA.

Saludos desde Uruguay.
15/10/11 2:05 AM

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